domingo, 19 de julio de 2026

Yo tengo contexto, tú no

Hay muy pocas verdades universales, pero creo que una algo incómoda es la siguiente: todos somos hipócritas, normalmente no nos damos cuenta, ni tenemos mala intención cuando caemos en ello, solo somos seres imperfectos que van por este mundo apañándonos como podemos. No es demasiado grave, la mayoría de las veces son comportamientos pequeños que si hacemos nosotros no pasa nada, pero si nos hacen a nosotros nos enfadamos bastante, y otras cosas así, si alguien nos lo señala nos justificamos con un rápido “es que no es lo mismo”, que nuestros amigos dejan pasar porque saben que ellos hacen lo mismo y además, a ver, son nuestros amigos, están dispuestos a apoyarnos.

Entonces, ¿dónde está el problema? Bueno, a mi parecer el problema aparece cuando nos empezamos a creer demasiado que no solo no tenemos contradicciones, sino que eso nos da derecho a señalar las fallas de los demás, fallas desde nuestra moral, que igual ni siquiera coincide con la del incauto que reciba la turra. Y de eso sobra hoy en día, políticos que sermonean sobre lo malos que son los ricos mientras cobran más de cien mil euros al año (por complicarnos la vida), activistas que te desprecian cuando usas tu viejo coche porque contamina mucho mientras se hacen viajecitos en jet privado,…, y más, no me voy a recrear porque creo que la idea se capta. Pero este no es el nivel más absurdo al que hemos llegado, porque, seamos sinceros, ninguno de los ejemplos anteriores cree en lo que dice, es todo una enorme farsa con la que pretenden engañar a incautos y vivir del cuento. Lo acojonante llega cuando veo cómo alguno es capaz de reconocer que sus actos pueden ser cuestionables pero tienen una justificación completamente lógica al tiempo que no es capaz de concederle a otra persona un contexto que justifique otros actos cuestionables.

Creo que ha quedado algo ambiguo, así que voy con el ejemplo que me hizo pensar en esto, hace ya unos meses una persona asociada a la izquierda con cierta relevancia las redes difundió una serie de audios privados (en los que había participado, ni idea de cómo se mueve la legalidad en esos casos) que dejaban en bastante mal lugar a ciertas personas que mientras en público apoyaban la idea de “creer a la víctima siempre”, mientras que en privado decían que era una locura creer acríticamente cualquier acusación (me suena que el interfecto había sido acusado de acoso, o abuso, poco antes de que se produjera la epifanía). Como es lógico suponer esta conducta granjeó a la persona que filtró los mensajes una buena dosis de insultos de antiguos compañeros militantes, al tiempo que todo el que estuviera algo más a la derecha del centro la entrevistaba para conocer los pormenores de su acto desesperado, porque así lo llamaba ya que al parecer su intención era devolver cierta racionalidad a esos ambientes de izquierda en los que creo que seguía teniendo esperanza, ahora podemos decir que su éxito fue más bien nulo, porque a mí me parece que la irracionalidad no solo no ha disminuido, sino que se ha extendido y contagiado todavía más. Vi alguna de esas entrevistas y hubo una cosa que llamó mi atención por encima del resto, esta persona aceptaba que sus actos fueran considerados inmorales, pero que la causa que pretendía defender justificaba cualquier inmoralidad, lo que, no recuerdo bien cómo, conectó con Vito Quiles (aquí no me queda otra que referirme directamente a él), que, recordemos por si acaso, se dedica a perseguir con un micro a personajes públicos y darles el coñazo con preguntas incómodas, bueno, pues la misma persona que aceptaba la inmoralidad de sus actos en pos de “un bien mayor” no dudó en calificarle como una mierda de persona por sus actos, aclaro que la cita no es literal y que intuyo que se refería a algo más que lo de perseguir con el micro. Pero el punto es el que mencionaba antes, si los actos cuestionables eran suyos claramente había una justificación, pero si eran de otro era señal inequívoca de su mala fe.

Pues mira, no, dejemos de hablar como si el público fuera gilipollas por un momento y seamos honestos, si pretendemos que se nos juzgue en base a un contexto que solo nosotros conocemos deberíamos, como mínimo, estar dispuestos a conceder la existencia de contexto en el resto. Pero no soy un iluso, hasta un niño de cuatro años sabría por qué la gente hace esas cosas, ahora, si me disculpan, voy a buscar a uno que me lo pueda explicar, a mí todo esto me suena a chino.

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